Juega a herreros medievales fabricando espadas en un yunque desvencijado, con el desgastado martillo, para el caballero que, montado en un caballo blanco con pie firme en el estribo y relucientes espuelas, viene a salvarme de esta realidad aplastante que me asfixia.
A galope de caballo desbocado se lanza, como un loco enfebrecido, derribando a su paso la torre que me encarcela.
Y yo, me sumerjo en un cuento de hadas, príncipes y princesas. En un mundo fantástico de sombras en la oscuridad, donde siempre me ha gustado estar. En mi mundo, el más real de todos los mundos.
Yu.
