martes, 20 de diciembre de 2011

Feliz.



Hoy estoy feliz.
La Felicidad se asoma a la puerta... o a la ventana.
Y sí, me apetece ser feliz.
Junto a un anaranjado atardecer. Un sol ardiente apaga su fuego en el Mediterráneo.
Hierve el mar, la mar... la sangre.
Unos días más. Muchos días más... Todos los días.
Vivimos. Sentimos.
Envueltos en el rojo. Seguimos la noche. Renacemos con la mañana.
Atardeceres intensos. Suaves amaneceres.
Brisa de mar. Tierno despertar.


Yul.



viernes, 2 de diciembre de 2011

Perdida en mi interior.





Demasiados meses arreglando la vida de otra persona.
Ahora me toca a mí. 
Necesitaré todo el tiempo para remover la casa desde mis cimientos.
Cuanto más me encuentro, más perdida estoy.

Es mi interior un mundo para perderme. Lo prefiero así. Hay momentos, esos momentos, estos momentos, en los que siento una fuerza que me atrae y enreda en la enmarañada paz…


No es aquí donde abro mi interior, sino donde lo encierro. Quien accede, no entra. Quien cree entrar, sólo ve palabras sordas que bailan al ritmo de una música muda. 
En el concierto del desconcierto. Dando señales de vida, o de muerte.


Solas entre la muchedumbre,  olas que se mueven   invisibles. Sensaciones encadenadas. Pensamientos inconscientes. 
Cada vez más dentro, cada vez más atrapada. 
Lo necesito. Es mi tiempo, mi nada, mi vacío… Y aquí me quedo, mecida, arropada.

Yul






lunes, 28 de noviembre de 2011

A ti…



A ti…
Que me ves, aunque yo no pueda verte
Que me quieres, aunque no sepa quererte
Que me escuchas, cuando no quiero oírte
Que me entiendes, animas y apoyas.
Porque sabes que ni puedo, ni sé, ni quiero ser perfecta.
Porque aunque no puedo, no sé, o no quiera emocionarme…
Siempre me emocionas.

Yul


viernes, 25 de noviembre de 2011

Pensando en... Un cuento para pensar de Jorge Bucay.



Había una vez un campesino gordo y feo

que se había enamorado (¿cómo no?)

de una princesa hermosa y rubia…

Un día, la princesa
-vaya usted a saber por qué-

dio un beso al feo y gordo campesino…

y, mágicamente, éste se transformó

en un esbelto y apuesto príncipe.

(Por lo menos, así lo veía ella…)

(Por lo menos, así se sentía él…)



Cuentos para pensar de Jorge Bucay


lunes, 7 de noviembre de 2011

Última Batalla del final de la Guerra



Última Batalla del final de la Guerra

Hoy…

Ánimo  a raudales

Locura estratégica.

Mañana…

Descanso  y reposo

Mente en blanco  

No quiero saber.

Pasado mañana…

Aún sin pensar

Me lanzo de frente

A darle con fuerza

Un beso en la boca

A la Muerte.

Y después de la Muerte…

Ahí está, esperándome,

La Vida.

Yul


sábado, 5 de noviembre de 2011

Sabor de ti…

Sabor de ti…
 
Incienso




Frutas del bosque


Vodka


Dulzor en los labios, tus labios


Fresa salvaje


Pasión descontrolada


Cien y un minuto de pensamiento en el vacío


Aire que lo inunda todo


Y todo lo barre… lo borra


Cielo azul, verde, naranja, rosa y morado… hasta el negro… desde el blanco.


Desde el vacío… hasta la inmensidad de lo profundo, lo concentrado… lo pequeño, lo fagocitado.


Y ahora te doy un beso


Y me pierdo en él


Porque eres tú ese centro


Ese punto de encuentro


Donde me pierdo, me desvanezco


Eres el calor que me derrite, me deshace


En ti descanso


Dejo de ser


Y me alegro



... me alegras.

Yul


miércoles, 12 de octubre de 2011

Madrugador Despertar. Bailando sobre mi Tumba.

"No por mucho madrugar, me despierto más temprano". (Yul)

Seis horas después de mi madrugador despertar, aún sigo dormida.

Panteón  en el Cementerio de Granada.

El baile sobre mi tumba, ha sido demoledor. Sólo leves arañazos en el mármol negro, endurecido por los años. Y por los años, deslucido. A pesar del afanoso empeño de Michael Jackson, en sacarle brillo. Ni por esas. Ni por otras. Ni por nada de nada.

Ni después de bailar y zapatear, he conseguido dejar de estar muerta. Qué va, si lo que estoy es matá.
Tanto zombi golpeando sin cesar con sus cráneos a medio pelar, cada vez que se partían de la risa con sus tonterías.
Y mi cuello aferrándose a una cabeza descorchada, por la que intentaban desperdigarse médula y sesos, en su total desordenado lanzamiento al vacío mundo circundante.

Baile cadavérico de calaveras sonrientes, de miradas profundas y cuerpos desgrasados. Sin nada que pensar, porque no pasa nada por sus cabezas huecas. O, si pasa, no se queda.

Y un día más, una noche más. Cuánto hemos bailado, al ritmo del crujir de huesos, del chirriar de dientes y de choques craneales. Entre risas salvajemente huecas y sin sentido. Sin ninguno de los sentidos… Todos, sordos. Todos, mudos. Todos, ciegos. Todos, con las narices atrofiadas para no oler la podredumbre. Todos, sin tacto alguno, llevándose consigo la desconsideración y el desapego.

Hoy vienen a invitarme para la fiesta de mañana y no puedo con mi esqueleto. No sé si podré arrastrar mi cuerpo para entonces. Está visto que no tengo el aguante que creía tener. Ni las ganas de tenerlo.

Creo que, todavía, me queda algo de vida. No es que esté muy segura. Es que yo, a la hora de dudar, dudo hasta de mi propia muerte.

Yul.

Quizá te gustaría escuchar la Danza Macabra de Camille Saint-Saëns.

 

 



sábado, 8 de octubre de 2011

¡Grito!.

¡¡Si no puedo ni con mi alma, cómo voy a poder con todo lo que me pasa!!
Y sí... Grito... mi alma grita... mi vida entera grita.
Desgarro... Todo en mí se desgarra.
El destrozo se apodera de mí.
Y no puedo... Me desdoblo... Se dobla mi dolor.
Y siento... Y me siento a esperar.
Y veo esta mi vida, cómo se deshace.
Y no queda nada... Y todo se pudre.
Y lo escribo... Y el aire lo borra.
Y me haces daño.
Y sufro.
Y ya no vivo.
Y es mi fantasma quien se desliza, 
susurrando un grito.
 Desgarrando el aire.
Esperando la nada.
Destrozando lo que siento.
Borrando lo que escribo.
...Y escucho un... ¡Grito!
El Grito, de Edvard Munch.



   Yul.



















Yo.

Yo.


En este momento, es lo que soy.


Cierro la puerta y levanto mi escudo.


Que nadie se atreva a traspasarlo, romperlo ni levantarlo.


Que nadie asome sus narices, donde no ha sido llamado.


Desconecto. Me repliego.


No ataco. No espero tenerme que defender.


En paz, en la Paz.


Sólo yo. Yo sola.


Ese es mi deseo.


Sea así.


Porque así soy. Y así deseo.


Vehemente. Con fuerza y decisión.


Sin duda, sin dudar.


Sin lugar a dudas. Sin dudas en este lugar.


Hoy y siempre.

Por siempre, hasta que lo contrario decida.


Amén.
 
Yul
 

lunes, 12 de septiembre de 2011

Suave condena

 


Locos lunes, de luna llena,
 Lunáticos pensamientos susurran.
Suaves. 
Incitando  al desafío.
Sintiendo la sensualidad,
 La  impaciencia.
Rompiendo el desgarrado ulular del deseo.
Recorriendo calles de silencio.
Volando luciérnagas encendidas
Atraídas por faros destruidos
Hacia la arena fundida
En el fragor de la batalla,
Al calor de la tempestad.
Espuma que besa
En la boca la roca.
Caricia de mar bravío.
Fuerza contenida.
Sinrazón descontrolada,
Suave condena.

Lava en el hielo,
Decapitada.
Rumor
Susurro
Silencio.
De Calma,
Llena.


Yul





viernes, 9 de septiembre de 2011

¡Hola!





Sólo quería...
Saludar.
Pasar.
Pasear.
Me apetecía.

Hay tanto dentro de mí.
Tanto pugnando por salir.
Tanto que se enreda y me hace sufrir.
Sentir.

¿Memoria?
No tengo ninguna.
Me alegro.
 Me hace sentir bien.
 Disfruto.

¿Hola?
 ¡Ah, sí, era eso!
Sólo eso.

Enredada me quedo.
Enredada en mis pensamientos.

Yul.






sábado, 3 de septiembre de 2011

De Colores.




He caído en la cuenta de que…

Del morado al amarillo

Y hasta el negro,

Sólo hay un salto.

Pero eso tú ya lo sabías.

¿Eh, compañero de almas plenas de Gravedad?
Yul.


domingo, 21 de agosto de 2011

La Vida




Cada uno se inventa su propia vida. La Vida no es sino el entramado neuronal de vidas inventadas.


miércoles, 6 de julio de 2011

La Reina de las Abejas.




Yo, sólo yo, La Reina de las Abejas.
Una Reina en un Mundo de las Maravillas. Una Abeja en una Colmena caótica y desordenada. El Mundo de detrás del Espejo. El Mundo al revés. El ciego que ve. Los visionarios absurdos. El sabio, torpemente necio, retrógrado y obsoleto, que no ve más allá de sus sucias narices. La desinformación del poder, al poder. La retribución de la negligencia. La estrategia del desamparo. La exaltación de la destrucción... Un Reino, donde reinó la Cordura. La Belleza fue su bandera. La Alegría, su himno. El Sol, su centro. La Luz, su frontera.

Y un día saltó la alarma... Y un día... hubo una alarma, que saltó.
Pero, ya nada tenía sentido. Ya todo estaba perdido. Ya era hora de desencanto y desolación. Ya sin aire que respirar. Ya pesadumbre y hedor.

Y la Reina pasaba, pisaba cada muerto, que crujía bajo sus pies. Y su corazón sangraba. Pero en sus ojos no quedaba una lágrima que limpiara su visión.

La necedad era mucho más fuerte y desoladora que cualquier bomba ¿atómica? ¿nuclear?...  Ningún cerebro humano podría nunca llegar a inventar algo tan devastador.
Cuántas veces se inundó de tristeza su pensamiento. Cuántas, cerró sus ojos para no ver.

Desató su Ira. No pudo, no quiso evitarlo.
Respirando desde dentro, su propio aire, el único que quedaba en todo su Reino. La Presión, la inundó. Y la Implosión lo barrió todo. Porque todo se incineró, hasta la última partícula.

 Yul



jueves, 5 de mayo de 2011

No soy... ¿Y tú?



No soy guapa, no soy joven, no soy perfecta, no soy una foto estática, que ha quedado más o menos bien en una milésima de segundo…
Simplemente, soy yo. Una persona igual que todas las personas, cargada de defectos.
Hundida en esperas estúpidas. Decepcionada y abandonada por personas, que no tienen un minuto para interesarse por mí, para preguntarme a mí lo que realmente quiero, busco y necesito. Lo que pienso o siento.
¿Egoísta?. Probablemente, tan egoísta como aquellos que se creen en el derecho a despreciarme y recluirme en el mayor ostracismo, justo en la sala de incomunicación total y persistente. Arrinconada junto a mi muda soledad, que grita en silencio y sangra en seco, coagulada antes de salir, taponada por el No, por el “Tú No”. Por el “No tendrás una segunda oportunidad, porque no te daré la primera”.

¿Y tú?. ¡Quién te crees que eres! ¡Qué te crees que eres!.
Tú, que paseas la estupidez supina, la soberbia superlativa, la defecación incontrolada, como si del mayor de los tesoros se tratase.
¿De verdad has creído que podrías alguna vez, llegarme a la altura de la suela de la zapatilla de andar por el estiércol que sueltas cada vez que respiras?…
Sólo un hipócrita estúpido, de cráneo vacío y mirada sembrada de mediocridad. Un pobre y patético imbécil, que se revuelca en el aplauso de los cerdos…
 Putrefacción para moscas hambrientas.

Yul




miércoles, 27 de abril de 2011

Muerte.




El pensamiento perdido en el inmenso vacío.
El aire lacerante que corta mis manos al acercarse.
La espalda rota de soportar el peso de mi alma.
Los ojos rojos de sangre.
Encadenada la paz.
Muerta, yace mi palabra.

Yul



miércoles, 20 de abril de 2011

0.- Declaración de intenciones.




La autora (Yo) narra en 1ª persona la historia del personaje (Ella), una mujer que, cansada de vivir en un mundo cerrado y estático, que la aprisiona y  asfixia, decide romper con todo y salir al exterior.
Para conseguirlo, proyecta sus propios sentimientos, recuerdos y miedos en unos objetos hasta entonces inanimados a los que da vida, su propia vida. Una vida que pretende cambiar por otra nueva, dejando ésta allí, abandonada, olvidada…

Se desnuda del pasado y nace a un futuro incierto, pero diferente.

Rompe la cálida y oscura crisálida donde siente la seguridad de un vientre materno, para desplegar alas de mariposa. Tal vez una simple mariposa marrón. Pero mariposa al fin y al cabo, con alas que la harán volar, igualmente, tan lejos como pueda.

La autora salta al mundo de la narración emprendiendo el viaje acompañada y acompañando a una mariposa insegura de alas invisibles y faltas de color, pero que espera ir fortaleciendo a cada paso de su incipiente vuelo.

La autora (Yo) intenta hacer llegar al lector (Usted) un mundo de intenciones, sentimientos y sensaciones a través del vuelo incierto de una mariposa marrón (Ella)
Que lo consiga o no, dependerá del fortalecimiento o deterioro del triángulo amoroso (Ella) - (Usted) - (Yo) … ; )


lunes, 18 de abril de 2011

Mariposa marrón



Mariposa marrón, que más parece una polilla, sobre fondo gris, en un mundo de luces y sombras.

La Belleza está ahí, en lo insignificante. Para descubrirla, sólo hay que querer gastar un poco de tiempo en mirarla.

Yul

sábado, 16 de abril de 2011

2.- El principio. En la oscuridad.


Aquella mañana me había levantado a ciegas… estaba ciega…

Una vela, un espejo y mi cara apenas reflejada en él.
Una maleta llena de cosas,… de ropa ¿frío? ¿calor?… Ya no recordaba. Lo había dejado todo para el último momento (como siempre)… Lo miraría por la mañana y sacaría lo ¿innecesario? … Siempre fue así, por qué habría de ser diferente ahora, que nadie supervisaba ni controlaba nada.

No sabía bien hacia dónde me dirigía. Ni por qué. Ni para qué…. ¿Y qué podía importarme una nimiedad así? Sólo quería salir de allí. Intentar hacer algo diferente. Intentar llegar a un destino. Esa era mi meta. En realidad, no me importaba conseguirlo. Sólo quería intentarlo. Correr, aún sin saber hacia donde.
Lo único que sabía, lo único que me importaba era que alguien me esperaba al final del camino. Si conseguía llegar, alguien me recogería…

Y recordé aquel otro salto. Aquel que llevo en lo más profundo de mi estómago.
Sonreí… Si pude, puedo.

Cuando abrí los ojos no veía nada.
Había oído el despertador casi en sueños. Y, casi en sueños, le di a apagar. Era completamente de noche y sólo hacía dos horas que me había acostado. Tenía sueño. No quería levantarme.

- ¡Arriba! ¡El autobús no espera!
- ¡Ya lo sé… no me molestes!

Aquella voz me resultaba conocida. Pero tampoco tanto como para consentirle que me diera órdenes.
¿Órdenes? ¡A mí, nadie me da una orden!

- ¡Levántate!
- ¡Sal de mi cabeza!

¿Qué?… Empezaba a recordar de qué me sonaba aquella voz… ¡Oh, por favor! Era cierto. ¿Se puede ser más tonta? ¿O más loca?
Y ahora, dime que esta mano que intenta encender la luz, no es la mía.

No se podía estar más ciega.
No conseguía ver nada. Por más que abría los ojos, seguía sin ver. ¡Empezaba bien el día!.


No había más tiempo. Y el corazón empezó a abrirse camino en un mundo de oscuridad.
Era mi cerebro quien gritaba desesperadamente.
- ¡Necesito llegar! ¡Muévete!
Y me moví. Salí de la cama lo más deprisa que pude. Quedaban tantas cosas por hacer.
 
Seguía sin ver nada y las luces no se encendían. Ninguna. La casa estaba a oscuras. Y todo me hacía tropezar.
Algo me impedía el paso. La maleta. La había dejado allí. Y allí seguía, con su boca abierta. Esperando. Vomitando ropa que no podía tragar.
No podía pensar, necesitaba iluminar aquel cerebro medio adormecido.


Una luz… Mis manos buscaban afanosas. Se movían por la estantería, recorriendo cada espacio, subiendo y bajando montañas… Recordaban haber paseado en alguna ocasión por aquella madera. Sentían su suavidad de bordes redondeados…
Cuántos recuerdos bailando unos con otros. Podía oírlos hablar. Cuánta vida. Una vida… Cada uno había llegado en cierta ocasión en la que … Cada uno contaba su historia. Agolpándose. Intentando hacerse oír. Querían su momento.
Un momento que yo no tenía.

Hacía años que el candelabro guardaba historias en su memoria. Se fueron grabando a fuego lento, al titilar de una tenue llama. Había visto sonrisas, enfados y alegrías, desconsoladas lágrimas, risas incontroladas. Cuántas noches siendo el centro, protagonista mimado de cenas románticas…
Ahora sólo era un trasto olvidado en un rincón. Que observaba en silencio el pasar de las horas muertas, como un reloj a quien nadie volvió a dar cuerda. Atesorando telarañas con las que vestir sus desnudos recuerdos.

Encendí la vela y la acerqué al espejo. Mi cara apenas se reflejaba en él.


La ducha. El calentador sí funcionaba. La tensión fue desapareciendo por el desagüe. Notaba cada músculo que volvía a su sitio. Sentía cómo entraba el vapor por cada poro de mi piel. Una piel que hacía deslizar el agua cálida.

Me afané en dar color a una cara que casi no veía pero que recordaba de ocasiones anteriores.

Con la maleta fue más fácil. Quité todo lo que había vomitado y se desparramaba por los lados. La cerré como pude. Y en la de mano, volví a repetir la misma operación.

Sin saber lo que llevaba y lo que no. Con la incertidumbre de un camino por recorrer. Con la prisa por llegar. Con la alegría de salir. Cogí mis maletas, cerré la puerta y me fui.

Con la única compañía de mi acelerado corazón, llegué a aquella parada y observando mi alrededor, me senté a esperar el autobús.



jueves, 7 de abril de 2011

Fragmento

Unida por un istmo a una realidad rígida y estructurada…

Una vez roto, soy una isla volcánica unipersonal a la deriva.
Que apenas flota, con un mar en calma que no me deja respirar.
Que vuela, entre fuerte oleaje. Con velas henchidas de adrenalina. Sintiendo el trepidar de aire frío en la cara, el hielo fundido en las venas. Y las vísceras contraídas, empujadas por un vértigo liberador.

Algo que no puedo o no quiero evitar.




jueves, 31 de marzo de 2011

1. La Calle.




Algo debía andar mal y sería eso lo único que andaba…

Faltaban unos minutos para la llegada del autobús, cuando llegué a aquella parada. Me había sentado y observado el marcador de lo que parecían carreras de autobuses:
10 minutos para la llegada del 10
9 minutos para la llegada del 20
9 ……… para el 10
7 ……… para el 20
7 para el 10
5 para el 20
A mí, sólo me importaba el 20. Era el único que me ayudaría a llegar a mi destino…

Se respiraba una tranquilidad inusual en aquella siempre ruidosa calle :
Ambulancias que hacían sonar sus sirenas para advertir de su llegada al cruce de dos arterias de tráfico constante.
Camiones, coches y motos.
Gente que se cuela entre los atascados vehículos.
Niños alegremente despreocupados que se dejan llevar por la aventura bajo la atenta mirada de una paloma.
Hormigoneras produciendo esa comida necesaria para saciar las hambrientas fauces del metro. Y esos chalecos de amarillo fosforescente que pasean sus cascos entre zanjas a corazón abierto en pleno asfalto.
Un policía que, a golpe de silbato, intenta encauzar la vida arterial cada mañana.
Anuncios que ruedan poniendo cuerpo a las cabezas que, adormiladas o en bulliciosa conversación emergen por las ventanillas de los autobuses…

No es eso lo que ocurre hoy. Nada se mueve. Nada. Ni los números del marcador, que había dejado de funcionar hacía rato.
El tiempo se había detenido en una ciudad que celebraba la festividad de la Comunidad, durmiendo. Ya habría tiempo de despertar.

Tiempo… Tiempo, era lo que yo no tenía.
Mi reloj no había dejado de correr y, ahora, contagiaba a mi ya acelerado corazón…

Continuará... (O no)



domingo, 27 de febrero de 2011

Una tarde, bastante tarde, en el cementerio...

Imagen: Columbarios, Cementerio de Granada. (Yul)


La Vida. la Muerte. Son dos caras de la misma moneda. Cada persona viva, lleva adherida la muerte. Entonces, ¿para qué enemistarse con aquella a quien no se puede evitar?. ¿Por qué temer a quien al final, y desde el principio, me acompañará?

Para ti, para mí, y para todos los que, como nosotros, luchan cada día por no aburrirse…
He aquí, mi visita al lugar del que todos quieren salir y nadie quiere entrar… excepto los que llegan para quedarse, ya sin voluntad.
 
 
Aquel día, decidí hacer un muy particular safari fotográfico.
Mi cámara de fotos y yo, llegamos al segundo cementerio más antiguo de España. El cementerio de Granada. Se podría decir que aquí los muertos tienen solera.
Casi con nocturnidad y alevosía, comencé la peregrinación.
Tumbas por aquí, nichos por allá, columbarios por acullá…

Había gente arreglando, limpiando. Preparando la cercana llegada del día de difuntos. Oía cómo hablaban en voz baja intentando no perturbar el silencio de aquellos silenciosos moradores.

Buscando el rastro de mi desperdigada familia, entré en el primer patio. Había tumbas, panteones y, dispuestos alrededor, adornando los muros con sus flores, los nichos.

En uno de los panteones, unos familiares residentes, hasta entonces totalmente desconocidos para mí, me daban la bienvenida. Hice unas fotos para inmortalizar el encuentro y continué la visita.

Una tumba me sorprendió. No esperaba encontrar a mi primo, que murió cuando más vida le quedaba por vivir. Como él no había esperado que ese hombre se lanzara buscando la muerte y lo entregara a él en sus brazos. Volvía a casa y llegó a aquella tumba. Su mente viajaba con una beca a EEUU y el master se esfumó arrollado por aquel coche.
Son los vivos, quienes traen de la mano la muerte.

Continué el viaje por la historia familiar y encontré a mi abuela acompañada por mi abuelo, que llegó allí bastantes años después que ella, y a quien tampoco conocí.

Recorrí los distintos patios: el 2º, el 3º , el de la Ermita, el de S. José, allí al fondo. Y vuelta atrás, a la derecha de la puerta de entrada, el de las Angustias, S. Francisco… En cada uno de ellos fui encontrando a tíos y demás parientes.

En el patio de Santiago estaba mi bisabuelo, de quien tantas historias me contaba mi padre. Recordaba algunas de ellas… En aquella paz, aquel silencio… ¿Silencio? ¡Ay! Sí, sí que había silencio… Mucho, todo… Todo era silencio… Miré a un lado y a otro... Y nada, nadie… Absolutamente nadie había por ningún lado.

Cierran a las siete y yo estaba a las siete y cuarto buscando un nicho, para hacerle la foto de "rigor", tres patios más allá de la puerta de salida, en el patio de S. Gregorio... Pero, para la última foto que me quedaba, me quedé... Ya no había nadie, ni se oía ningún ruido, y se me ocurrió pensar que no me había llevado ni un bocadillo para quedarme a pasar la noche...

Bajé unas escalerillas tan estrechas que si abría los brazos, tocaba a los dos lados las paredes llenas de columbarios.... ¡Y sin nadie por allí!


Al salir al siguiente patio, en el suelo de uno de los nichos, había un montón de coronas y ramos de flores recién puestas... Y, eso, a las siete y media de la tarde, ya oscureciendo… Saludé educadamente al recién llegado y le comuniqué, con total sinceridad, que, si andaba por allí inspeccionando su nuevo hogar, no se sintiera en la obligación de acompañarme a la puerta, que ya la encontraría yo sola.


Cuando, después de perderme por aquellos patios y no recordar dónde estaba la salida, conseguí llegar, cerca de las ocho... ¡La puerta estaba abierta y pude salir!

Casi me quedo encerrada en el cementerio, yo sola haciendo fotos a las tumbas, nichos, panteones y columbarios.
No molesté a ningún muerto y ningún muerto me molestó.

Por qué pasó, no sé. Pero que pasó, eso sí. Sé que fue… Fui… ¡Y, volví!

Yul.

Tal día como hoy, 23 de Febrero de 2011, de hace dos años…



Con una sonrisa y un silencioso movimiento de labios, aquel guardia civil, por segunda vez en dos horas, me decía: ¡Gracias!
Eran las cinco de la tarde. Mi madre y yo seguíamos en el pasillo de Urgencias del hospital. Habían pasado ya seis horas desde que la ambulancia nos dejó allí… y allí seguía yo, de pie junto a la camilla, sujetando su mano…

Dicen que hay que ver el lado bueno de las cosas. También dicen eso de estar justo en el sitio y en el momento en el que se es necesario.
No sé si había algo bueno que ver en aquella situación en la que me encontraba, ni si realmente era necesario que me encontrara allí, justo en ese momento.
Con necesidad o sin ella, allí estaba…

Pues no, no había nada, absolutamente nada bueno ese día… La ambulancia nos dejó en el pasillo de Urgencias a las 11h. A las 14h, debieron considerar que estorbábamos y nos llevaron a la sala de curas.
Mi madre en la camilla, yo de pie a su lado y a unos 10cm de mi espalda, una cortina.


No había pasado media hora cuando, una pareja de la guardia civil entró custodiando a un herido de bala (de un tiroteo por ajuste de cuentas en cosas de drogas). Dejaron la camilla al otro lado de la cortina y se quedaron en el pasillo, junto a la puerta.
Entraron enfermeras, enfermeros, una doctora, y todos fueron saliendo de prisa y corriendo, mientras él les gritaba e insultaba, protestando sin parar.
Así que, aquí me tenéis a mí, sola ante el peligro o con la muerte, más que en los talones, en la espalda. Sí, la muerte, porque lo que gritaba aquel tipo, y por lo que todos salían “escopetáos” , era : “¡Los voy a matar a todos! ¡No voy a dejar a nadie con vida! ¡Nadie me atiende! ¡Mi pistola! ¡Los mato a todos! ¡Voy a matar a todo el mundo!”
Mientras oía gritar a mi asesino pegado a mi oreja, veía la sombra de su mano acercándose hasta coger la cortina que nos separaba… Ahí supe que de esa no salía con vida. Estaba a punto de ser estrangulada…
¡Todo el mundo, era yo! Porque yo era la única persona con vida que había en aquella habitación. La única al alcance de su mano…
Cuando más muerta estaba, uno de los guardias entró. ¡Bien, el mundo se acaba de dividir o multiplicar por dos!… Y respiré.

Trataba de explicarle que tenia que dar el nº de teléfono de algún familiar, para que firmara el consentimiento de la operación.
El joven asesino seguía gritando y apabullando al guardia.
- ¡Yo soy mayor de edad! ¡No necesito que nadie firme por mí! ¡Quieren cortarme el brazo!
- Danos un teléfono…
- ¡No! ¡Me quieren cortar el brazo!

Aquello no tenía fin. Decidí que, total, de perdidos al río. Con lo que me dolía la espalda, no iba a seguir cargando con aquella otra muerte. Mejor de frente. Si tiene que ser, que sea de cara, a verla venir.
Respiré hondo, le dí la vuelta a la cortina y me puse al lado de su cama…
El guardia me miró con cara de asombro y el asesino, también.

Con toda la tranquilidad del mundo, dije:
- Tranquilízate. Tú sabes cómo son los médicos, para cualquier cosa piden que les firmen autorizaciones.

El asesino, empezó a hablarme tranquilo, sin gritar, manteniendo una conversación calmada. El guardia, me miró y con un leve gesto de cabeza, asintió y salió de la habitación.
Como dos buenos amigos, nos quedamos charlando.
- Es que yo soy joven y me quieren cortar el brazo. ¿Cómo voy a coger mis dos pistolas para poder disparar? (Y hacía el gesto como si disparara con el dedo de una y otra mano)
- No, hombre. Lo que ocurre es que tienes una bala en el hombro y, para poder sacarla, tienen que saber exactamente dónde está. Por eso tendrán que hacer una radiografía.
- Pero, me tienen aquí sin atenderme.
- Tú sabes cómo funcionan los hospitales. Nos tienen esperando, porque hay mucha gente. Nosotras esperamos desde las once.
- No quiero que mi familia tenga que firmar.
- Los médicos quieren que los familiares firmen, para que no vengan luego protestando. Siempre, para cualquier tontería, hay que firmar. Yo también he firmado para que le hicieran una radiografía a mi madre.
Cuanto antes digas el nº de alguien, antes terminas.
- ¡Eh! ¡Que te voy a dar el teléfono de mi novia!

Entró el guardia, me sonrió y, en voz baja, dijo: ¡Gracias!

Nos llevaron a la consulta de valoración. La Dra. me aconsejó que llamara a alguien que me hiciera compañía en “ese momento”, que sería en unas horas y para el que ya sólo quedaba esperar. Y nos volvieron a dejar en el pasillo de Urgencias.

… Y nos dieron las once, las doce y la una y las dos y las tres…
… Y las cinco de la tarde…

Allí estaba yo, de pie junto a la camilla,. Sujetando la mano, del cuerpo que respiraba sin vida, de mi madre…

… Y allí, iban unos calzoncillos, asomando por la bata abierta de hospital, corriendillo y gritando:
- ¡Yo me voy de aquí! ¡Que no me quedo ni un minuto más!
… Y allí, iba detrás, la pareja de la Guardia Civil. Con más paciencia que el Sto. Job. Intentando convencer a aquellos calzoncillos, que le hacían el caso del sol puesto y para nada pensaban dar su culo a torcer…

Yo, que ya no tenía la muerte pegada a mi espalda,
sino cogida de la mano. Ni me sentía sola ante el peligro… Hice lo que cualquiera hubiera hecho en mi lugar. Lo normal en aquellas mis circunstancias… Lo llamé.
- ¡Hombre! ¿Dónde vas?
- Es que me tienen aquí, esperando y nadie me atiende.
- Ya lo sabes. Esto funciona así. Mira, nostras, también seguimos aquí.

Los calzoncillos, se dieron media vuelta, pusieron cara de “Sí que es verdad” y , tranquilamente convencidos, volvieron a la sala de curas.
 
 
 
 
Con una sonrisa y un silencioso movimiento de labios, aquel guardia civil, por segunda vez en dos horas, me decía: ¡Gracias!
Eran las cinco de la tarde… 


Yul.

 

sábado, 26 de febrero de 2011

Un día recordé. Quise hablarte... Tú, como siempre, nunca estás.

Ayer, 18 de diciembre, hizo 18 años que murió mi padre.
He recordado quién estaba en esta casa ese día y quién está hoy.
Y qué diferencia con la muerte de mi madre el año pasado…

Esa hora esperando, desesperada, la ambulancia,… A las 11h, esperando, ya en el hospital, en el pasillo de ¿Urgencias? De pie, junto a la camilla, sujetando su mano y hablándole con una sonrisa, intentando hacerle sentir que no estaba sola, que yo estaba allí acompañándola … A las 15h, entramos a la consulta de valoración, solté su mano y me senté en aquella silla mientras la doctora decía que llamara a alguien para que me acompañara en ese momento de final, de una muerte ya comenzada, que sería en unas horas… Volvimos al pasillo de ¿Urgencias?, volví a sujetar su mano, volví a hablarle y a sonreírle, y me quedé allí, de pie junto a ella… A las 20h, la llevaron a observación, nos dejaron en aquella habitación con decoración infantil, separadas por un cristal del resto de enfermos que necesitaban ser observados. Me senté en el sillón que había junto a su cama, sujeté su mano, le sonreí y le hablé y le conté historias divertidas… Cuando llegó Sole y me preguntó si había comido, recordé que no lo había hecho en todo el día… Cuando, por fin, llegaste y se fue Sole, recordé que tampoco había ido al servicio en todo el día… y fui un momento, aprovechando que ya estabas allí,… y lloré un poco, … Y volví a entrar y a sentarme en el sillón y a sujetar su mano y a sonreír,... A las 6h, dejó de respirar…

Aquel día no comí, pero el resto de los días que, desde entonces, he seguido viviendo, he comido, y he tenido que comprar y hacer la comida y encargarme de pagar facturas de agua, luz, Ibi, comunidad, seguro, teléfono,… hacer que todo vaya medio funcionando a pesar de todo lo que se va rompiendo,… Tratando de mantener una estabilidad, a pesar de todo… y todo sin compañía y consuelo en mi duelo… Porque yo sí he seguido cargándome con toda la responsabilidad. Porque yo sí quiero a mi hijo… Y he seguido sonriendo.

De chorradas, no necesito cargar con ninguna. Esas, para con quien compartas los días, los gastos, los viajes, la compañía, la diversión, las tristezas y las alegrías,… los pequeñísimos ratos de hospital y los consuelos por la muerte de un padre.

Padezco el abandono de los vivos. Agradezco la compañía de los muertos.